miércoles, 14 de febrero de 2007

La infancia que perdí


He perdido algo de mi, que desde que lo estoy buscando no ha parado mi desesperación por encontrala. Me gustaría hallarla para volverla a sentir, para volverla a vivir y ser feliz.


Con ella era feliz, no me preocupaba nada cuando estaba presente. Vivía la vida, sin entederla y sin deseperame por entenderla. No me preocupaba por crecer, no me preocupaba nada en absoluto. Solo deseaba que el tiempo no se acelere, para quedarme estancada, en eso que perdí.


Cuando la perdí, me perdí a mi misma. Es feo ahora no tenerla, porque cuando la tenia no me sentía tan preocupada por crecer.


Lo que me preocupa ahora, es querer volver a eso que perdí.



Por lo menos quisiera estar unos segunditos con ella, volver a ella, para cambiar un par de cosas.......




domingo, 11 de febrero de 2007

PARÁ!



Nadie repara en tus ojos De prisa llega la vida, y se va

Cada minuto es un bombo Que toca cuando estas solo, y se va

Una ciudad que brillaY así maquilla, como chilla en verdad

Una linda parodia Que de a poco te agobia y chau!A la mierda con todos, chau!

¿Para qué continuar?Pero...zas!

Sientes que alguien te nombra Te grita fuerte y claro: Pará!

Una lengua traicionera Que te va quemando el bocho, y se va

Cada recuerdo, una guerra Que espera ver si te meas, y se va

Una ciudad que rezaA un Dios que no la escucha y se deja estar

Bordeando la tragedia De gusto, negligencia y chau!A la mierda con todos, chau!

¿Para qué continuar?Pero...zas!

Sientes que alguien te nombra Te grita fuerte y claro: Pará!

Tirá ya ese boletoNo es hora de viajar, no

Busca algún recoveco Seguro que alguien tiene un lugar.
ONCE TIROS- Urguay

viernes, 9 de febrero de 2007


Ella caminaba por la calle un día de verano y tropezó con un charco. Automáticamente bajó la mirada y se vio a ella misma en ese charco de agua marronesca. Se sorprendió a ver arriba de su cabeza una pequeña luz. Trató de darse vuelta para mirar bien que cosa la rodeaba, y no encontró nada.

Ella caminaba sorprendida por la vereda y pasó por delante de una vidriera de una tienda de ropa. Automáticamente se miró y vio nuevamente su cara y esa misma luz que la había iluminado en el charco de agua. Giró su cuerpo pero solo había un poste de luz detrás de ella.

Ella más asustada que nunca, caminaba por la plaza y se detuvo frente a la fuente que largaba chorros de agua y ese ínterin de reflejos que resplandecían de los entrecruces de hilos de agua, vio nuevamente la luz que iba tomando forma de cuerpo de mujer.

Ella salió con pasos aligerados rumbo a su hogar. Cuando llegó y se sentó sobre el sillón, vio como la luz que la siguió durante todo su paseo por la ciudad se desvanecía en el portarretrato que descansaba en la sala de estar. Y ahí es cuando se da cuenta que ese cuerpo que se iba formando en la luz, era su madre.

Ella cada minuto de su vida está acompañada de esa luz que la cuida y la sigue a cada lugar. Y que la protege de la oscuridad.

jueves, 8 de febrero de 2007


Otro cuento escrito por mi. ojalás que les llegue a interesar




“Como pez en el agua”
Cuento basado en los cuentos de Julio Cortázar


El departamento estaba ubicado en el piso 7° del edificio sobre avenida Corrientes, a dos cuadras del Abasto, donde hasta una semana tenía un puestito pero que fracasé al no tener dinero para mantenerlo y de donde además me echaron por numerosas peleas a puños que tuve con malevos que se me venían a hacer los compadres, pero que en realidad me robaban mercancía. En fin, esta no es la historia que te quiero contar, Alicia, sino la referida a las personas que vivían en ese departamento, especialmente la de ella, la dueña de casa, la que nunca supe su nombre, pero que impactó en mi vida.
Ojalá que no te estés aburriendo con esta carta, pero necesitaba contártelo, porque fue un echo muy extraño.
Tú sabes que hasta una semana después que te marchaste a Venezuela, yo vivía en San Telmo y me ganaba la vida vendiendo casa por casa leche. No me iba muy bien que digamos, y por este motivo empezé a estudiar mi futuro más detenidamente al tener 18 años y un rumbo que hasta ese momento me asustaba. Entonces decidí independizarme, sin importarme mi familia. Por eso me marché hacia el Abasto, con unos compadritos que pasaban por la misma que yo. Nos instalamos en este edificio del que te hablaba, arruinado por donde lo observaras. Pero no fue un problema mayor para nosotros. Vivíamos en el departamento del al lado de la mujer que no supe el nombre. Lo único que me dijo Alberto, uno de los que compartía el departamento, era que ella vivía con su abuela, pero que nadie sabía sobre alguna actividad que realizara o si estaba noviando o algo por el estilo.
Las únicas conversaciones que pude lograr tener con ella fueron referidas a las compras que le haría yo en el Abasto (sin pasar por alto que me dejaría propinas, no creas que soy un dormido), ya que ella no podía salir porque tenía que cuidar a su abuela, infectada de un virus que no recuerdo como se llamaba porque me perdí en palabras científicas que ella me daba, y en lo que concierne a la historia que te cuento, me perdía en su cara. Nunca había visto algo igual, ni siquiera en mis pesadillas o en noches de caña y cerveza negra. Te juro Alicia, hermana mía, nunca he visto algo semejante. Una cara, una hermosa cara si no fuera por este espantoso detalle. Una cara con escamas. No te exagero ni miento, pero eran escamas.
Por varios días me quedé dubitativo, si debía preguntarle porque tenía la cara de esa forma o sí debía callarme y seguir mi vida. Un día, creo que era un jueves a las cinco y media de la matina, ya que como laburante del Abasto tenía que estar lo mas temprano posible par poder tener las mejores mercancías, ese día salgo y me encuentro a esta mujer en el pasillo del piso. Supuse que me estaría esperando para darme la lista de lo que le debía traer. Pero no sucedió eso. Estaba lagrimeando; lagrimeaba sin parar. Saqué mi pañuelo rojo de la camisa y se lo ofrecí. Ella no me miró. Le pregunté que le sucedía y no me contestaba. Ya cansado de no obtener respuesta la dejé sola y me dirigí hacia la escalera. Cuando piso el primer escalón, escucho que me dice:
-Con ésta cara, ¿no se da cuenta de lo que me pasa? Parezco un pez.
Intenté contener la risa, cuando dijo esto último. Tosí para disimular y me di la vuelta. Le volví a ofrecer mi pañuelo y esta vez lo aceptó. Se secó las lágrimas y sonó su nariz de una forma tan asquerosa que cuando pensó que ya se había limpiado, le había quedado un moco entre la nariz y la boca. Se volvió a limpiar y ví como se le caían las escamas.
Este fue el momento, Alicia, en que le pregunté que le sucedía en la cara, y por lo que pude observar en toda la piel del cuerpo. Ella me contestó entre lágrimas, que no sabía por qué, pero que tenía esta enfermedad, la misma que su abuela, desde que nació. Y lo que mas le asustaba era que iba a terminar como su abuela, muriéndose.
Yo me quedé mudo, escuchando todo lo que me decía. No podía creer lo que escuchaba, parecía una historia sacada de algún escritor que cree en las fantasías. Era increíble. Como se me hacía tarde para marcharme, le dije que no se hiciera problema, que para él ella era bella igual de todas formas. Ella sonrió y se metió en su departamento.
Alicia, si leyeras esta carta dentro de una semana después de que te la mandé, habrá pasado un mes de que la ví a esta mujer por última vez. Nunca mas la he visto, ha desaparecido, al igual que su abuela. Aunque me es muy gracioso, y seguro para vos también, han desaparecido “como pez en el agua”. Bueno hermana mía, me despido. Te mando un saludo desde acá, desde tu Buenos Aires. Si andas por Colombia, visita a nuestro compadre Gardel, y mándale un abrazo de mi parte y que lo espero, al igual que a tí a tomar una mateada y contar todas sus historias…Muy atentamente, Ricardo.

martes, 6 de febrero de 2007


esta es la segunda parte de eso que siento.

Las olas del dolor
Una Historia sobre una pintura, narrada por María Laura Díaz

Thai nació y se crió en Tailandia, en el sur asiático. Tenía 8 años y una larga vida por delante. Vivía con sus padres y dos de sus tres hermanos (uno de ellos había sido devorado por un hambriento tigre en el corazón de Bangkok). Su familia se ganaba la vida vendiendo pescado en todas las ferias de la ciudad, mientras que Thai se levantaba todas las madrugadas para caminar 20 kilómetros hasta llegar al colegio, su peor tortura, porque ahí era el blanco de constantes golpes y prejuicios por parte de sus compañeros.

Además de ser un chico muy humilde, al igual que casi toda la población de su país, él era portador de HIV, contagiado por una transfusión de sangre. El no sabía de esto y por eso nunca entendió porque la gente lo marginaba y lo trataba tan mal. Se sentía muy solo y muy triste porque no tenía amigos y lo peor de todo porque la familia siempre estaba fuera de casa trabajando.
Al mediodía después de llegar del colegio comía lo que podía encontrar y salía corriendo ansiosamente hacia la playa que se encontraba detrás de su casita de barro. Las arenas blancas como las nubes, las aguas transparentes como su corazón, el sol ardiente y las gaviotas que volaban sin parar eran sus únicos amigos para matar esa soledad que lo consumía. Se pasaba horas y horas jugando hasta que el sol se despedía y daba paso a la luna que iluminaría en blanco al mar.
Al llegar la noche cenaba pescado, como casi todos los días con su familia. La cena era prácticamente el único contacto con su familia. En ese ritual, Thai contaba todo lo que había hecho en el día, mientras que su papá le contaba las historias que vivía en la ciudad donde llegaban con el carro de pescados bien frescos.
Cuando se iba acostar a su camita fabricada de cañas, se quedaba mirando por la ventana a las olas salvajes que golpeaban muy suavemente a las rocas que descansaban sobre la orilla, muy parecido a su vida. A todo esto siempre se le sumaban lágrimas de pena y odio que caían de sus ojos achinados. Lágrimas que solo él entendía. Lágrimas que le rompían el alma. El soñaba despierto con que al día siguiente podría jugar en la playa con un amigo de carne y hueso. Pero siempre que se perdía en su imaginación se quedaba dormido.
Thai quería tener un amigo, alguien con quien compartir las aventuras de niños inocentes. Quería experimentar el hecho de hablar con alguien que no sea solo su voz interior. Envidiaba muchísimo a los niños de su edad que caminaban en grupo frente a el. No entendía porque el no podía tener un amigo, si el era igual que los demás.
Era diciembre del año 2004 y habían terminado las clases en las escuelas y daba paso al receso escolar. Se aproximaba un verano muy caluroso y una gran oleada de turistas que llegarían en busca del paraíso perfecto. Thai, camino a su casa, por fin respiraba aliviado porque no iba a tener que seguir sometiéndose al maltrato que sufría. Estaba a unos pocos metros de llegar a la calle principal del centro comercial de Bangkok, cuando de repente siente que detrás suyo alguien le seguía los pasos. Gira la cabeza hacia atrás pero la vereda estaba desolada. Muy sorprendido, sigue su rumbo pero con el paso más ligero.
Al llegar a su casa, como era de esperar no había nadie, ni siquiera algo para comer. Entonces decide tirarse en las arenas bajo las monumentales palmeras a descansar, ya que no tenía ganas de jugar en la playa por el clima muy caluroso. Cuando cierra los ojos, siente el ruido del mar y de la gente que estaba en el balneario que se encontraba a muy poca distancia. Estaba a unos segundos de encontrar el punto justo del sueño cuando de repente oye que alguien se sentó a lado suyo y dice:
-Hola Thai! Al fin te encontré!
Esa voz le resultaba muy conocida. Thai muy asustado, al reconocer a esa persona se pone en pie lo más rápido posible y se cubre la cara con los brazos pensando que iba a recibir un golpe. Pasaron unos segundos y muy tímidamente baja los brazos. Se trataba de Yung, un niño del mismo curso del colegio que el año pasado lo había golpeado. Yung le dice:
-No te asustes, no te voy a pegar. Te vengo siguiendo desde la salida del colegio. Era yo quien te seguía en el centro, pero justo cuando te diste vuelta para mirarme yo salí corriendo.
Thai, casi sin respirar por la sorpresa que se había llevado le pregunta que era lo que quería y le suplicó que no le pegue. Yung le contestó que no quería pelear con el. Simplemente quería pedirle si le podía obsequiar a el y a su familia un poco de pescado porque hace varios días que no probaban un bocado de comida porque no tenían dinero. Thai le explicó que el estaba pasando por la misma situación, pero si quería lo podía acompañar y enseñarle a pescar, así no volvía con las manos vacías a cambio de que no le pegue nunca mas como lo había hecho un año atrás.
Como era un día en el que el calor reinaba, ambos prefirieron ir un poco más tarde a buscar algo de comer. Se quedaron entre las palmeras pero sin dirigirse la palabra. Thai se sentía muy incómodo ante esta situación y sin importarle más el rayo del sol, bajó a la playa a jugar. Pasaron un par de minutos y Thai seguía jugando, pero Yung estaba sentado muy solo junto a las palmeras. Thai se detuvo por un instante pensando en el otro niño; por un momento se sintió igual que otra persona. Por eso dejó de hacer lo suyo y fue a las palmeras. Ahí Thai lo miró con los ojos lagrimosos a Yung, pidiéndole con la mirada de que viniera a jugar con él.
Esa mirada significó para los dos niños lo mismo: por fin Thai no estaba solo, aunque sea por ese día. Mientras que Yung, iba a conseguir comida y además se iba a hacer de una nueva amistad, pidiéndole perdón con una tarde de risas y juegos en la playa.
Se pasaron toda la tarde jugando, sin importarles el tiempo, el lugar y el pescado que tenían que ir a buscar. Se habían perdido en el mundo fantástico de la amistad y se habían olvidado de las diferencias dolorosas que existían entre los dos. Corrían entre las arenas que volaban a cada paso de los niños. Jugaban a ser piratas en busca de un tesoro, sin saber que estaban viviendo en la realidad lo mismo: buscaban el tesoro mas lindo de la vida que es la amistad. Por un momento se habían olvidado del mundo. Y por un momento Yung era feliz. Pero para Thai su felicidad significaba mucho más.
Por fin se habían acordado de que tenían que ir a buscar el pescado. Agotados hasta casi sin respirar, se detuvieron para tomar aire. Thai le dice a Yung de que se mantuviera ahí, mientras que el iba a buscar algo para refrescarse y las cañas. Este asienta con la cabeza y se dirige hacia las aguas para refrescarse el cuerpo. Thai, con las piernas que le temblaban, llega a su casita, Mientras juntaba lo que necesitaba mira por la ventana a su amigo. Sin desearlo se le cae una lágrima, pero el sabia que era una lágrima de felicidad. Su vida había cambiado para siempre. El único temor era que el día de mañana despertara y que solo haya sido un mal sueño. Pero prefería disfrutar el hoy. Y en el hoy era feliz.
Deja de perderse en su pensamiento, y se va corriendo en busca de su amigo. Mira hacia al mar pero no ve a Yung. Solamente ve una gigantesca y furiosa ola que se aproximaba hacia el que estaba totalmente paralizado. Cuando quiso reaccionar, ya había sido tapado por el agua. Intentaba mantener la respiración mientras que era tirado y revolcado muy violentamente por la ola. Sentía como se golpeaba contra todo lo que se encontraba, y lo más fuerte era que escuchaba gritos de muchísima gente que pedían socorro o voces que eran tapadas por el agua. De repente tanto mareo es detenido por un inmenso golpe que se da contra una palmera. Después de estar un minuto con la perdida de conocimiento, Thai, tirado boca arriba, abre los ojos y lo único que ve es el cielo azul. Todo dolorido, intenta ponerse en pie, pero se cae. Nuevamente lo intenta y consigue, aferrado a la palmera, levantarse. Mira a su alrededor y todo era caos. Personas gritando, lastimadas, otras muertas. Todo destruido en cuestión de minutos.
Thai no paraba de llorar. Gritaba buscando a sus papas, pero ellos no se encontraban en la ciudad. Tenía mucho miedo. Estaba frente a una espantosa catástrofe, incomparable con los tsunamis que ya habían llegado a la región varias veces en el pasado. Lo que había sucedido hoy era increíble. Una ola gigantesca había tapado y arrasado con todo lo que se cruzara en el camino. En ese momento se acordó de que el no estaba solo. Se acordó de Yung. Rápidamente salió a buscarlo. Gritaba su nombre hasta quedarse sin voz. Lo peor de todo era que ya no reconocía el lugar porque todo estaba destruido.
Mientras caminaba por arriba de unas paredes caídas, escucha de muy lejos su nombre. Desesperado empieza a patear todo para hacer paso. Y ahí es cuando ve a su amigo: Yung era aplastado por un pedazo de madera. Thai va corriendo en ayuda de su amigo. Lo saca de ahí muy cuidadosamente cuando este le dice las palabras mas deliciosas que había escuchado en su vida:
-Gracias, amigo!
Rápidamente lo abraza con muchas lágrimas en los ojos. Sin siquiera poder levantarse, una nueva ola tapa el lugar sin pedir permiso alguno. Fue también como la anterior, dos minutos de pánico y nuevamente la calma.
Media hora después llegan los primeros socorristas en búsqueda de vidas. Mientras caminan ven dos cuerpitos de niños entre las palmeras que se habían caído en la playa: eran Thai y Yung. Ambos estaban abrazados pero Thai estaba muerto, cubriendo el cuerpo de su amigo que lloraba sin parar.

FIN

gracias

lunes, 5 de febrero de 2007


para comenzar a expresar lo que siento no necesito ni tiempo ni lugar, con tan solo sentirlo me lo puedo expresar a mi misma. no se si alguien llegará acá a leerlo, pero queria usar este espacio para expresar mis realidades, mis fantasais, mis inquietudes, mis vivencias, o lo que en el momento piense y quiera expresarlo.


alguien me seguirá, como no. no obligo a nadie y no me quiero dar lastima ni siquiera mi misma, como en muchos espacios encontré: dar lástima es lo mas feo a lo que una persona puede llegar.


con tan solo poder expresarme soy mas que feliz en la vida real, me cuesta mucho contar a mi propia gente lo que me pasa, solo una o dos personas me conocen muy bien y ni siquiera necesitan una palabra mia para que se den cuenta como estoy. quizas este espacio vaya dirigido a esas una o dos personas, para que sepan mas de mi...


y si por esas casualidades alguien mas llega a leer esto:




les doy una calida bienvenida






yo